Marcas
Estilos
Países
C. Autónomas
Alcohol (ABV)
Color
Marcas
Estilos
Países
C. Autónomas
Alcohol (ABV)
Color
Precio €
Sobre el estilo de cerveza Berliner Weisse
La cerveza de estilo Berliner Weisse tiene su origen en Alemania, concretamente en la ciudad de Berlín, y describe una cerveza de trigo histórica, de muy baja graduación alcohólica, sumamente efervescente y con una marcada y refrescante acidez láctica. Conocida cariñosamente por las tropas de Napoleón como el «Champán del Norte» por su carácter vivaz y chispeante, es una cerveza extraordinariamente ágil y saciante, diseñada para combatir el calor y ofrecer una experiencia sensorial crujiente y vibrante.
La cerveza Berliner Weisse alcanzó su máximo esplendor a finales del siglo XIX, momento en el que llegó a ser la bebida más popular de Berlín, elaborada por decenas de fábricas locales. Debido a su punzante acidez, surgió la tradición de servirla mit Schuss (con un chorrito), añadiendo siropes dulces de frambuesa (rojo) o aspérula olorosa/Waldmeister (verde) en la misma copa para equilibrar el trago. Aunque el estilo tradicional estuvo a punto de desaparecer en el siglo XX, el movimiento de la cerveza artesanal moderna lo ha resucitado con gran éxito, utilizándolo frecuentemente como un lienzo en blanco perfecto para incorporar frutas frescas durante la fermentación.
A la vista
La cerveza de estilo Berliner Weisse presenta un color amarillo pajizo muy pálido, siendo uno de los estilos más claros del espectro cervecero. Por lo general, exhibe una notable turbidez natural debido a las proteínas del trigo y a que tradicionalmente no se filtra. Al servirla, desarrolla una espuma blanca, jabonosa y muy efervescente que, debido a la alta acidez de la cerveza y a la escasa presencia de lúpulo, suele disiparse con bastante rapidez, sin llegar a dejar encaje en las paredes del vaso. Al igual que el champán, muestra una constante y alegre ascensión de burbujas finas.
En nariz
Aroma inconfundiblemente fresco, limpio y ácido. El protagonista absoluto es un carácter agrio derivado de la fermentación láctica (gracias a la acción de la bacteria Lactobacillus), que evoca notas a limón fresco, manzana verde ácida o yogur natural. Detrás de esta acidez frutal, se percibe un soporte de malta suave y rústico que recuerda a la masa cruda de pan, galleta blanca o trigo fresco. El aroma a lúpulo es completa y estrictamente nulo. En las versiones más tradicionales, puede aparecer un levísimo toque funky o a corral provocado por la levadura salvaje Brettanomyces, aunque las interpretaciones modernas suelen ser extremadamente limpias.
En boca
El perfil de sabor es una explosión de acidez refrescante y ligereza. La entrada en boca está dominada inmediatamente por una acidez láctica limpia y punzante, pero nunca avinagrada, que recuerda al zumo de limón o a la sidra verde. El sabor a malta de trigo se mantiene en un segundo plano, aportando tenues notas a pan blanco que ayudan a sostener la estructura de la cerveza. El amargor del lúpulo es prácticamente inexistente (generalmente por debajo de los 10 IBUs), ya que la acidez es la única encargada de equilibrar la receta. Presenta un cuerpo sumamente ligero, impulsado por una carbonatación masiva y chispeante que baila en el paladar. Culmina con un final extraordinariamente seco, crujiente y profundamente saciante, que limpia la boca al instante.
