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Alcohol (ABV)
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Sobre el estilo de cerveza Bière de Garde
La cerveza de estilo Bière de Garde tiene su origen en la región de Nord-Pas-de-Calais, en el norte de Francia, y describe una cerveza rústica, artesanal y profundamente maltosa. Traducida literalmente como «cerveza de guarda», esta prima francesa de la Saison belga se diferencia de aquella por ofrecer un perfil mucho más centrado en la riqueza de las maltas tostadas, presentando un carácter más dulce, redondo y menos especiado o lupulado. Es una cerveza de fuerza moderada a alta que regala una experiencia elegante, compleja y con un inconfundible toque campestre.
La historia de la Bière de Garde está íntimamente ligada a la vida agrícola tradicional francesa. Históricamente, las granjas cerveceras elaboraban estas recetas a finales del invierno o principios de la primavera. Al carecer de refrigeración moderna, la cerveza se almacenaba (o «guardaba») en bodegas frescas durante meses para ser consumida en los calurosos meses de verano, cuando las altas temperaturas hacían imposible la fermentación sin riesgo de contaminación. Esta prolongada maduración en frío (lagering) le otorgaba un perfil sumamente limpio y suave. En la actualidad, el estilo se comercializa habitualmente en elegantes botellas tipo champán con corcho y bozal, y se presenta en tres vertientes de color: rubia (blonde), ámbar (ambrée, la más tradicional) y oscura (brune).
A la vista
La cerveza de estilo Bière de Garde presenta un espectro de color que varía según su subestilo, yendo desde un dorado intenso, pasando por un cobrizo o bronce brillante, hasta un marrón castaño oscuro. Gracias a su tradicional periodo de maduración en frío, suele exhibir una claridad excelente y muy limpia, aunque las versiones sin filtrar pueden mostrar una ligera neblina. Está coronada por una espuma generosa, densa y de textura muy cremosa (blanca en las rubias y beige en las versiones más oscuras), que ostenta una retención magnífica debido a su viva carbonatación.
En nariz
Aroma elegante, complejo y prominentemente maltoso, con un distintivo carácter rústico. El pilar central es una rica base de malta que, dependiendo de la versión, despliega intensas notas a pan tostado, masa de galleta, caramelo suave, toffee o sutiles frutos secos. Los ésteres afrutados de la levadura son de bajos a moderados, evocando frutas de huerto como peras o manzanas maduras. Es muy característico encontrar un sutil aroma terroso, a bodega húmeda, a paja o a corcho, que le confiere ese innegable encanto de granja tradicional francesa. El aroma a lúpulo es bajo o casi imperceptible, aportando leves destellos florales o herbales.
En boca
El perfil de sabor es una oda a la malta rica, equilibrada con una maestría sorprendente. La entrada en boca inunda el paladar con sabores a malta tostada, caramelo y bizcocho dulce, pero sin llegar a resultar nunca empalagosa o pesada. A pesar de este marcado dulzor maltoso inicial y su perfil de amargor bajo, la cerveza engaña al paladar: culmina con un final sorprendentemente seco y limpio, producto de una alta atenuación. Presenta un cuerpo de medio a medio-ligero, impulsado por una carbonatación muy alta (similar a la del champán) que le aporta textura y ayuda a limpiar la boca de los sabores dulces. Muestra una calidez alcohólica suave y reconfortante que se integra a la perfección con su carácter rústico y terroso.
